Vargas Llosa y La Teta Asustada


Los peruanos no cambiamos. Somos poseedores de una singular idiosincracia. Todo el país se pone de pie cuando alguien consigue lauros mundiales, pero nadie se para a pensar que fueron conseguidos en forma personal, contra el peculiar estilo de los peruanos. Y es que nuestra cultura no es precisamente un valuarte de la originalidad. Aquí nadie aplaude la creatividad, sino, por el contrario, se hace escarnio de quien se atreva a cuestionar los moldes prestablecidos. Somos los campeones del benchmarkin, que no es otra cosa que la filosofía de mejorar lo que otros desarrollen. Esta filosofía en el nuevo orden muldial globalizado es bastante beneficiosa para quien quiera hacerse rico rápidamente. Como que en el mismo corazón de Gamarra, centro neurálgico de los confeccionistas textiles peruanos, se vende en sus calles los últimos catálogos de los grandes centros comerciales norteamericanos o europeos. Hay quienes dirán que hay diseñadores peruanos y es cierto, pero las grandes firmas prefieren lo malo conocido que lo bueno por conocer.
Peranece fresca en mi memoria la vez que fui a una estación de televisión con un proyecto original para un programa sobre sexología y lapidariamente me dijo el mandamás de turno: "¿Y ésto dónde ha tenido éxito?". Tuvieron que pasar años, luego que en otros países programaran programas similares al que presenté para que la misma televisora programe uno con la misma temática, aunque tratando de no salirse de los parámetros que llegaban del exterior, franquicia que le dicen. Así somos. No apostamos por nosotros mismos. Preferimos aplaudir los éxitos en el extranjero a generar los nuestros propios.

Digo que no aprendemos porque no ha pasado un año de la postulación al Oscar del filme de Claudia Llosa y Magaly Solier, La teta sustada, y el Congreso de la República de mayoría aprista y fujimorista aprobó una ley que les otorga a las distribuidoras cinamatográficas el dinero que recababan los municipios para supuestamente favorecer al cine nacional; es decir que ese dinero, que nunca llegó a los cineastas, pues los municipios los dedicaban a hacer parques o monumentos a sabe quién o qué, ahora va a las arcas de los distribuidores que harán más salas y se harán más ricos. Todo en nombre del "cine nacional".

El caso de Vargas Llosa es aún más escandaloso. Ha ganado el Premio Nobel de Literatura 2010 gracias a su inquebrantable vocación,la terca apuesta que hicieran por el escritor sus editores y el sacrificio de su familia, pero al final sacamos pecho todos, empezando por los millones que jamás lo leyeron y le negaron méritos literarios. Ni qué decir de un desconocido ministro de Cultura que hasta se fue de paseo a Suecia con la plata de todos para estar presente en la ceremonia de premiación, en representación de un gobierno corrupto que mantuvo una educación elitista, cifras alarmantes de desnutrición infantil, el papel caro, la piratería y les cierra las puertas a los creadores, paa variar.
El mérito de nuestros creadores, artistas y deportistas  es sólo suyo, de peruanos que salen adelante a pesar de un Estado inepto y gobernantes malos y corruptos, los mismos que insuflan el pecho por un crecimiento que ellos jamás consiguieron, sino todo lo contrario, se suben a quien destaque para sacarle provecho.