ÁGORA


Una de esas películas que reivindica una cinematoafía que parece irse por el lado extremadamente comercial cuando toca temas históricos, es AGORA, cinta taquillera que trata de uno de los peorecrímenes perpetrados contra el conocimiento de la humanidad: el segundo y definitivo incendio que destruyó la BIBLIOTECA DE ALEJANDRÍA, que resguaradaba las más grandes obras literarias, históricas y de todos las ciencias escritas en griego, latin y demás idiomas que se hablaba en el mundo antiguo. La película del director español Alejandro Almenabar, se úbica entre los años 391 y 415 de nuestra era y destaca la imagen de HIPATIA, protagonizada por Rachel Weisz, la última sabia (matemática, filósofa neoplatónica y astrónoma) en un mundo que entraba irremediablemente en el oscurantismo de la Edad Media. Antes de su inmolación a manos de bárbaros cristianos dirigidos por el indescriptible obispo Cirilo de Alejandría, quien dirigía a sus hordas aniquilando todo atisbo de civilización greco-romana en esa parte del antiguo Egipto, amparado por un imperio romano en decadencia, en manos de emperadores cristianos, Hipatia concluye que la Tierra gira alredor del Sol en una órbita elíptica.
Hoy, cuando nos preguntamos por el enorme retraso de occidente durante milenio y medio, este episodio es clave, pues allí se quemaron documentos históricos que hubieran demostrado la existencia misma de Jesucristo y sus apóstoles. Tuvieron que pasar 1,600 años para que la humanidad descubriese, por ejemplo, que la vida y milagros de Jesús de Nazaret no difieren mucho de lo que hizo Osiris, quien resucitaba cada cierto tiempo para beneplácito de sus seguidores. O que la virgen María no es sino la continuación del culto a Isis, diosa que fue bastante popular en el Imperio Romano, niño en brazos incluido. Ahora sabemos que los evangelios cristianos fueron escogidos después de descartar muchos otros a los que se tildó de apócrifos. Estas y otras pruebas fueron consumidas por las llamas. Por lo que muchos piensan que la destrucción de la BIBLIOTECA no fue una simple acción de la chusma.
El filme rodado en Malta, ganador de 7 premios Goya, aunque con gratuidades propias del discurso cinematográfico, como que HIPATIA, quien murió a los 60 años, no envejece, o que un esclavo pudiera compartir las aulas con una elite bastante cerrada, rescata, para la gran mayoría de la población de este mundo globalizado, una figura que enaltece a la mujer.
La cinta incide en la pasión de la protagonista por los textos de los Elementos de Euclides, el cono de Apolonio, el sistema geocéntrico de Ptolomeo y el heliocéntrico de Aristarco de Samos y su obsesión en resolver el enigma astronómico que plantean los planetas errantes vislumbrando en la elipse la solución que hallarán más de mil años después, en el siglo XVI, Copérnico y Kepler en su reformulación, hoy vigente, de la teoría heliocéntrica de órbitas elípticas. Claro que esto no es demostrable, pero destaca la lucha entre el saber y la ignorancia, entre la razón y el culto, entre la búsqueda de la luz y el oscurantismo, entre el albedrío científico y la manipulación religiosa. Toda la tradición espiritual, cultural, filosófica y científica de la cuenca del Mediterráneo se decanta en una mujer que habitó en tiempos convulsos la ciudad de Alejandría, donde estaba EL FARO, una de las 7 maravillas del mundo antiguo, quien libró una sórdida y solitaria lucha, la cual perdió mientras se santificaba la bestialidad.

¿Por qué no ganó Avatar?


La entrega de los premios Oscar estuvo, una vez más, marcada por una ideología proimperialista vestida de armamentismo. No de otra forma se explica que concursaran documentales antichinos y que la gran ganadora fuera una cinta que en el fondo justifica la invasión estadounidense a países como Iraq o Afganistán, presentando la historia de un "pobre chico" yaqui al que le entra el gusto por desactivar bombas cual deporte de aventura, curioso pasatiempo en el que se juega la vida. El discurso está bien dirigido, cual misil guiado por un dron, a los millones de aficionados de los juegos de video. El discurso del filme no cuestiona la peor y más escandalosa masacre de los últimos 50 años perpetrada por el más poderoso ejército del mundo contra un pueblo indefenso, cuyos derechos humanos han sido relegados al olvido. El filme ni se asoma a lo que realmente ocurre en Iraq, donde a diario mueren decenas de quienes los yanquis llaman "nativos", concepto bastante lejano a lo que consideran personas. Para ellos todo musulmán es un prospecto de terrorista y cualquiera que no sea estadounidense es sospechoso.
Con esa ideología es que el cine norteamericano hace tiempo nos bombardea, con películas en las que todos sus enemigos son unos zafados, unos psicópatas que quieren dominar el mundo. Esta ideología de cómic ha carcomido los sesos de generaciones de estadounidenses para quienes es completamente justificable invadir países "en nombre de la libertad", quimera que ni ellos mismos tienen en el mundo real, así haya que matar a centenas de miles de seres humanos, en su mayoría niños, mujeres, enfermos o ancianos. Esta alienación que alimenta a diario un aparato de medios que hubiera querido tener Goebbels, no les permite preguntarse: ¿Por qué todas las guerras "por la libertad" son en otros territorios y nunca en suelo estadounidense? Nadie les quiere mencionar que Iraq o Venezuela son ricos en Petróleo. Es buen negocio el discurso de musulamnes locos que ponen bombas en su propio país, las cuales las desactiva este nuevo "héroe" merecedor de los premios de la Academia.
Por otro lado está "Avatar", filme  que pone en relieve lo absurso de provocar guerras para adueñarse de recursos naturales ajenos. "Avatar", además de su aporte cinematográfico, tiene un discurso ecologista, que destaca la importacia de desarrollar civilizaciones en equilibrio con la naturaleza, como lo hacen los na-vi. Este discurso, sumado a la belleza de imágenes y una historia fantástica, es lo que ha hecho que millones de seres humanos le den su respaldo convirtiéndolo en uno de los filmes más taquilleros de la historia.
Sin embargo, los mandamases de Hollywood se mantienen en sus trece. Tuvieron la oportunidad de dar giro ideológico. Pero sacaron la garra y premiaron el guerrerismo distrazado de un loco desarmabombas, en el que el enemigo siempre es una banda de islamitas psicópatas y los que más sufren son sus "kids" en el frente de batalla.
Felizmente en el resto del planeta hay más na-vi de lo que se imaginan.